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Y mira por donde despues de la noticia del documental, me
llega esta joya del Sr. Fitin, que brevemente es una carta de respuesta
a un columnista del diario Las provincias, respecto a un articulo sobre
los famosos carteles en los autobuses y la probabilidad de la
existencia de Dios...
Estamos acostumbrados a ver
carteles y ‘sábanas santas' con frases del tipo ‘Dios es amor' o ‘Él está aquí' . No hay más que echar la
vista atrás y ver como se empapeló la ciudad de Valencia con mensajes de este
tipo por la visita papal, incluso superando al número de retretes móviles que se
instalaron. A los no creyentes, dichos mensajes no nos suelen alterar y solemos
respetarlas, y hasta participamos en procesiones con un muñeco semidesnudo a
hombros de una serie de personas. Ahora, pongan ustedes el título de arriba y
medio mundo se vuelve loco. Y es bastante raro, puesto que la frase es bastante
racional, ya que Dios es de las pocas cosas en este mundo que se presuponen como
verídicas a pesar de no existir ninguna evidencia de que exista, más allá de lo
retorcido de nuestras mentes. No se trata de si Dios existe o no, se trata de
respetar los pensamientos de los demás y cuando existen mensajes religiosos
nadie dice nada en los medios, como ha ocurrido con el mensaje ateo.
Eso es
injusto y es lo que trato de demostrarle a un columnista de Las Provincias en los siguientes textos.
Lástima que no me la publicaran:
Las trampas del
autobús ateo
Articulo publicado en Las Provincias - 18.01.09 - AGUSTÍN DOMINGO MORATALLA
Me había prometido a
mí mismo no entrar al trapo del bus ateo pero después de que varios
lectores me preguntaran me animo a comentar el tema. Reconozco que las
declaraciones de la alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, el otro día
me parecieron llenas de sentido común. Decía claramente que esta campaña
es una provocación para distraer a la...
gente de las cosas importantes
y que mejor sería destinar esos recursos a personas que lo necesitan,
bien directamente, o bien a través de entidades de beneficencia.
La prueba del carácter provocativo de esta campaña está en el perfil
ideológico de quienes, sin obligación alguna ni mandato imperativo
por parte de sus votantes, la defienden en foros sociales, políticos
y culturales. Resulta ridículo, esperpéntico y hasta sarcástico que
con la que está cayendo en nuestro país sean algunos líderes de la
izquierda social y política los defensores, haciéndole el caldo gordo
a la Unión de Ateos y Librepensadores, asociación que financia la
publicidad.
La campaña es comunicativamente simple, pero políticamente perversa.
Nunca los comunicadores habían tenido que quebrarse menos la cabeza
para despertar el interés. No hay imágenes, no hay diseño, no hay
creatividad, no hay imaginación, no hay inteligencia visual ni emoción
simbólica, sólo hay un pobre, miserable y prosaico texto que dice
Probablemente dios no existe, deja de preocuparte y disfruta de la vida.
Los gestores publicitarios de la campaña nunca recibirán ningún premio
de los profesionales de la comunicación, no es una campaña de la gente
brillante que hoy inunda el mundo de la comunicación y que con cierta
gracia son llamados creativos.
Es probable que en la Unión de Ateos y Librepensadores no haya ningún
profesional de la comunicación y la publicidad, éstos últimos son
gentes inquietas, imaginativas, creativas y brillantes que tienen un
olfato especial para contactar con cualquier segmento de consumidores
que se lo propongan. Al mundo de la creación, la publicidad y la información
audiovisual no le preocupan asuntos rancios, trasnochados y dogmáticos
como el ateísmo decimonónico en sus múltiples variantes.
En lo ideológico es una campaña perversa. Aparece cuando pasamos de
los tres millones de parados, cuando la situación económica se agrava,
cuando el gobierno no rinde cuentas de su gestión y cuando la manta
nacional se rompe por los cuatro costados porque ningún representante
autonómico es capaz de pensar en el bien común de todos.
Es una campaña lanzada para que los políticos de la derecha, más
o menos liberales o centristas, acaben identificándose con planteamientos
no sólo católicos o religiosos, sino con planteamientos nacionalcatólicos,
integristas o reaccionarios. En lugar de mostrar su preocupación por
el empleo, por los pobres, por los inmigrantes, por la justicia social,
por la esperanza de una sociedad sin clases o por un modelo de sociedad
abierta donde quepan todos los seres humanos, sean o no creyentes, la
izquierda ha encontrado una ocasión para cierto rearme ideológico.
Es una campaña para entretener, distraer y despistar a la opinión
pública. Forma parte de la estrategia de beligerancia del laicismo
de combate que persigue restaurar la legitimidad de la vida democrática
en la República de 1931 y no en la Constitución de 1978. A sus promotores
y defensores no les interesa Dios, ni como problema social ni como misterio
cultural, les interesa mantener el analfabetismo y la simplificación
de la inteligencia, a pesar de utilizar el término probablemente.
A excepción de cuatro grupos subvencionados en algunos países europeos,
el ateísmo preocupa poco y a poca gente. En una economía, una política
y una sociedad civil transnacional, las cuestiones teológicas son cada
vez más importantes. La variable Dios y el factor religioso tienen
cada vez más peso en la sociedad del conocimiento. Como potencias emergentes,
China e India saben que la estabilidad de sus sociedades dependerá
de su gestión del factor religioso.
Por último, pensar que los creyentes de cualquier religión son desgraciados,
amargados y masoquistas que necesitan dejar de creer en Dios para ser
felices es una señal de estrechez mental, analfabetismo cultural e
ignorancia científica. Pocos investigadores o científicos serios prescinden
de la religión o la hipótesis Dios en sus explicaciones.
Los creyentes que se toman en serio su fe pueden ser tan felices o desgraciados
como los agnósticos o los ateos. Los ciudadanos que tienen fe y son
creyentes también están abiertos a la felicidad, la esperanza y la
alegría. Más que los creyentes, quienes deberían estar verdaderamente
preocupados deben ser los promotores de esta campaña o quienes les
apoyan, porque todos los indicadores de prospectiva global apuntan que
el siglo XXI será religioso. El factor religioso y la existencia de
Dios nos recuerdan que somos animales simbólicos, que luchamos para
no perder ni la esperanza ni la alegría, que nos desvivimos o reconocemos
en las fiestas y que seguimos necesitando consuelo.
Y esta mi respuesta solo aqui publicada.
Jose Fito - Ciudadano del Mundo
Estimado Sr. Domingo,
En
primer lugar quisiera felicitarle por su forma de escribir, que no por
su fondo, que semana tras semana hace que la mayoría de lectores que
comulgan con sus ideas saquen pecho tras la lectura de sus columnas,
y los que no, duden durante un tiempo indeterminado de sus principios.
La verdad es que tiene mérito, pero a mí, apasionado del análisis
de los medios de comunicación y los poderes fácticos relacionados
con ellos, no me provoca más que reafirmarme en mis principios más
básicos de igualdad, tolerancia y convivencia democrático-laica.
Vaya
por delante que mi presentación como "ciudadano del mundo" la pongo
para evitar confusiones que se generarían si hiciera como usted, condicionando
la lectura de su columna al mostrar su ocupación profesional. Respetando
y admirando profundamente sus estudios y dedicación, su encabezamiento
debería servir para prepararse a entender su lenguaje más elevado
en ciertos aspectos, no para influir en el lector, que es lo que provoca.
Además, comienza su brillante exposición afirmando el "yo no quería
pero la gente me ha insistido para que escriba sobre ello". Venga,
señor Domingo, que usted, su periódico y yo sabemos, que estaba deseando
tratar este tema como así ha dejado constancia.
Tras
criticar con dureza a los ideólogos de la campaña, hace una crítica
exacerbada contra los publicistas que la diseñaron. Los acusa de simpleza
en su mensaje...vaya si lo más importante en publicidad es hacer llegar
un mensaje lo más lejos con el menor coste y la mayor simpleza posible.
No me dirá que ellos no lo han conseguido: hasta a usted le ha llegado
el mensaje, aunque no le haya sentado demasiado bien.
Inicia,
poco después, una cruzada en la que reparte estopa a medio mundo porque
"con la de problemas económicos que tenemos, ¿cómo se atreven a
sacar este tema?" Vaya, resulta que la culpa de la crisis será ahora
de la izquierda y de la Unión de Ateos y Librepensadores, y encima
es justo ahora donde no se puede ser ateo, sino ser católico y rezar
para que no nos quedemos en el paro. Adereza todos estos párrafos,
con un par de expresiones que me abruman: primero habla de "ateísmo
rancio, trasnochado, dogmático y decimonónico"...no hablemos de
decimonónicos con la Iglesia de fondo porque me lo pone usted muy fácil,
¿el uso del preservativo, por ejemplo? ¿el divorcio? ¿Adán y Eva?
El etcétera sería larguísimo. En segundo lugar habla de que en el
futuro más próximo "el factor religioso y las cuestiones teológicas
vana ser importantísimas". Esto es lo que se llama "huida hacia
delante" o "darle la vuelta a la tortilla", ¡pero, si por la
Iglesia fuera, la tierra aún sería el centro del universo! Por favor,
señor Domingo, si lo que necesita y a lo que tiende este mundo es a
desarraigarse definitivamente de los dogmas sectarios de la religión.
En
cualquier caso, leyendo su texto, creí que íbamos a tener un punto
en común y es cuando dice: "pensar que los creyentes de cualquier
religión son desgraciados, amargados y masoquistas que necesitan dejar
de creer en Dios para ser felices es una señal de estrechez mental,
analfabetismo cultural e ignorancia científica". Lástima que en
el punto y seguido lo tire todo por la borda y diga que la mayoría
de los científicos utilizan a Dios en sus hipótesis...es usted realmente
atrevido: ¡si la ciencia no hace más que derribar las barreras de
la religión!. Estoy de acuerdo con su primera afirmación, pero quiero
que piense de la misma forma con el otro punto de vista: "pensar que
los NO creyentes de cualquier religión...". Estoy harto de su compasión
con los no creyentes, de su mirada hacia nosotros de "qué desgraciados",
y eso es todo lo que conlleva el mensajito del autobús, de ahí la
fuerza y atrevimiento de su campaña.
Es
verdad que, para mí, los ideólogos del mensaje también se equivoquen
en el punto y seguido: el "deja de preocuparte y disfruta de la vida"
sobra, pero eso es lo que, los creyentes, se encargan siempre de embutirnos
a los que no creemos. Y este no es un debate entre los que creen y los
que no creen, sino entre los que respetan la libertad de pensamiento
y moral de los demás y los que no. Y, señores, Dios probablemente
no existe, y eso es una realidad objetiva. Y no pasa nada. Y soy muy
feliz. Y posiblemente los que crean que sí que existe, sean igual o
más o menos felices que yo. Pero es la moral y forma de vida de cada
uno, que si les sirve, me parece estupendo.
Asumo
la cierta ventaja que ante usted tengo de que la postura de rebatir
un texto escrito es más sencilla que escribirlo como usted hecho, pero
bueno, de esta manera compensamos la desventaja de saber que mi texto
jamás será publicado. Y no será publicado por tres razones: no comulgar
con las ideas del periódico al que lo dirijo, no ser un personaje mediáticamente
interesante, además de saber que el número de palabras de mi artículo
superan el máximo establecido por su periódico para ser publicado
como carta al director. Pero mire, al hilo de esto último, voy acabar
dejando patente el principio de igualdad que antes le comentaba: con
la despedida mi artículo tendrá exactamente el mismo número de palabras
que el suyo.
Un
saludo
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